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Buscando la libertad
Por Urbana

Sólo se escuchaba el silbido de los pájaros y el chocar del agua entre las piedras, me fui adentrando más, quería escapar es por eso que cada vez me internaba más y más entre los matorrales, las copas de los árboles no dejaban ver el cielo, mis pies sentían el frío y la humedad de las rocas, resbalaba pero volvía a intentarlo, no me atraparán decía fuertemente, esto me daba fuerzas para seguir adelante.
Agotado busqué un lugar para descansar, un arroyo le daba la frescura al paisaje, un tenue y débil rayo de sol caía encima de mí traspasando la frondosa capa de hojas que cubrían la selva. Mis piernas y mi torso tenían las marcas de las ramas que apartaba bruscamente al caminar, como si ellas representaran a mis perseguidores que me rastreaban sin cesar.

Al atardecer sólo se oía el arrullo del agua y los pasos anhelantes de los cazadores de esclavos con sus animales azuzados para cazar y encontrar la presa, ya anochecía por lo tanto deduje que pronto se haría un alto en la búsqueda, busqué un lugar abrigado y oculto de los animales feroces para pasar la noche y continuar escapando antes del alba, la comida fue sólo algunas raíces y frutos, ni pensar en hacer fuego o cazar un animal, eso atraería a los cazadores.

En la noche con los brazos cruzados bajo mi cabeza pensaba cómo había ocurrido todo, me lastimaban los recuerdos, la impotencia se apoderaba de mi sintiéndome como un animal que escapaba de su implacable verdugo que no le daba tregua, me angustiaba el sólo pensar que podía ser capturado con las consecuencias que todos sabían, los mataban a ojos de todos como medida de advertencia, muchos eran mutilados cortándoles sus dedos, éramos una mercancía humana de raza negra, esclavos sin valor como hombres.




Evocando el rostro moreno y suave de mi amada me daba tranquilidad, sus ojos me perseguían, sus manos me atrapaban, su sonrisa me animaba a su encuentro, éramos dos almas que se habían encontrado en medio de tanta adversidad, dos esclavos de piel morena compartiendo el mismo amor, pero atrapados en un mundo cruel e insensible donde los intereses económicos primaban sobre los sentimientos, donde la vida humana era mercancía de poco valor.

Intentando dormir comencé a recordar aquella tarde trabajando en las plantaciones cuando la vi pasar, ella llevaba grandes jarras de agua en sus brazos, para entregarla a los amos y sus animales, su armonioso andar, su mirada dulce, esto me costó varios latigazos por descuidar mi trabajo, pero no sentía el dolor, veía su figura y el gran amor que comenzaba a anidarse en mi corazón, luego me enteré de su nombre y de dónde venía.

Con la mirada comenzó un ritual de amor, nadie podía enterarse, sería fatal, mantuvimos por mucho tiempo un lenguaje sólo con nuestros ojos.

Una noche me arriesgué y me arrastré amparado por la oscuridad hacia donde dormían las mujeres, me asomé por un orificio y cuando vi su silueta le hice una seña, ella agachándose vino a mi lado, no fueron precisas las palabras, nuestros labios se unieron, supe su nombre, Ketam, la habían robado en Africa y la trajeron como esclava a las plantaciones junto con su hermana quien no soportó el duro trabajo, enfermando y después de unos meses murió.

Nos reuníamos a escondidas, a veces sólo eran segundos pero eso bastaba para consolidar el amor que había entre nosotros, conversábamos de nuestra vida antes de haber sido secuestrados de nuestros respectivos lugares de nacimiento, hasta que un día uno de los guardias nos descubrió, a ella la golpearon brutalmente y la llevaron a otro lugar, lejos, sólo se que la subieron a un jeep y nunca mas volvió, a mi me ataron a unos palos y me dieron de latigazos hasta que desmayé, luego me mantuvieron en un lugar oscuro y estrecho sin comida por varias semanas.

Cuando mis heridas sanaron me sacaron, me dolía la vista y todos mis huesos, volví a la plantación, callado trabajaba, intenté preguntar por Ketam pero nadie me daba respuesta, todos tenían miedo a las represalias, pero una noche, cayó encima de mi una piedra y en ella había un papel, una escritura rápida e ilegible me decía que la habían llevado a una isla varios kilómetros de donde estábamos, que la olvidara sería lo mejor.




Lo intenté pero no pude, cerraba los ojos y la veía, los abría y deseaba tenerla frente a mi, rozar sus labios, tocar su piel morena, jugar con su largo cabello, mi mente fue ideando el sueño de estar juntos, ser libres, volver a nuestro lugar de origen, buscar nuestras familias nuestras raíces, tener hijos que nunca serían apartados de nosotros, que nuestras hijas no serían violadas por nuestros amos.

Es por eso que ahora soy un esclavo negro fugitivo, sólo el amor podía darme las fuerzas para cambiar mi destino, la encontraré y huiremos lejos y todo aquello que soñamos será realidad. Volveremos de donde un día violentamente nos sacaron, nuestros padres ya no lloraran más, seguiremos escribiendo la historia, resistiendo la adversidad, oponiéndonos a la esclavitud de la raza negra, castigando a los cazadores de esclavos que quieren ahogar el grito de libertad un derecho de todo ser humano sin importar el color de su piel.



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