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Santiago Tropical
Por Macarena Suárez
Fue un 15 de Enero, por ahí por las 6 de la tarde, aunque se veía venir desde la noche anterior. Cómicamente me encontraba regando, de pronto un relámpago se encendió y el cielo iluminado de gris brilló. Luego, un viento desordenada azotó el follaje de mi jardín. Mi corazón se puso a tono con la escena y comenzó a agitarse, la felicidad de mi boca sonriente se plasmó en mi cara. Hace poco que llegué de Asia y estos espectáculos de la naturaleza me hacen sentir muy ligada a aquellas vivencias que tuve en aquel continente.

Al momento en que cortaba el riego, aun mirando hacia arriba como si estuviera equilibrando algo con mi nariz, el cielo tronó, sonó más y más fuerte como si estuviera rugiendo, la orquesta celestial se magnificó, tanto así que parecía una explosión. Como si las nubes se estuvieran craquelando hasta el punto de quebrarse y derrumbarse.

Hermosa música para mis oídos, revolucionarias sensaciones para mis sentidos. Se te olvida que estás en la ciudad, aunque ante aquel estruendor, hasta las alarmas se pusieron a chillar, como si quisieran participar de la sinfonía. Extraña pero melodiosa mezcla entro lo natural y lo artificial.

El aire, el ritmo que estaba llevando el cielo, el calor y el viento rozándome, provocó una gustosa ansiedad, como cual hormiga preparándose para el invierno. Quise aprovechar cada ángulo que hay en mi jardín. A medida que tímidas gotas iban cubriendo mi cuerpo, me senté en una esquina apreciando el gomero, junto a los cardenales y las petunias, luego en otra deleitándome con el contraste de colores entre el verde intenso de la palmera y el gris luminoso de su escenografía.

Subí a la terraza, desde donde el salvajismo intangible del paisaje se duplicó al verse reflejado en los espejos del Costanera Center. Quise subirme al techo del segundo piso, como lo hacía de chica, pero al parecer los años no pasan en vano. Decidí calmar mi conmoción, sentarme y disfrutar del show.

Una hora ha pasado y la función sigue. Paradójicamente siento que está todo tranquilo, no se si afuera, pero al menos mi alrededor e interior lo están. Una que otra sirena, otra que una alarma y el sonido de un helicóptero te recuerdan que estás en la ciudad. Lo cual es aun mejor, porque vives de carne propia la magia y la fantasía entre cementos. Una ciudad no te acorrala ni te aprisiona si no se lo permites, si la VIVES observando los detalles, usando tu imaginación y creatividad, si logras complementarla y equilibrarla.

Me pregunto, cuántos se habrán dado cuenta que el cielo nos regaló un hermoso día tropical el 15 de Enero del 2004?




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